EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (1) / Graffitis
April 5, 2008
La espuma de los días, Que se mueran los feos, Escupiré sobre vuestra tumba… Estaba a punto de titular esta columna cual novela de Boris Vian cuando me vino a la cabeza algo que escuché años atrás en el Páramo leonés (en un pueblo de Celama), de labios de un anciano del lugar: “Cuando el Páramo era páramo, aquí había espejismos, como en el desierto. Lo llamábamos el espejismo de la galbana, porque sucedía a esa hora de la siesta en que el calor aprieta. Si mirabas a lo lejos, veías el agua”.
La idea del desdoblamiento de lo real en un paisaje imaginario por un simple fenómeno óptico es una buena metáfora de lo que a menudo acontece. Vivimos en una época en la que nadie araña la superficie para ver lo que hay detrás (si es que hay algo). ¿Somos lo que parecemos? ¿Sabemos de la historia algo más que lo que nos cuentan de ella?…
El espejismo es lugar al que querríamos llegar, pero al final no es más que utopía, un “no lugar”.
Como metáfora sirve para hablar de lo que se ve, aunque no está. Y de lo que está, pero no se ve. De lo visible y su deriva hacia la invisibilidad mediática. O viceversa. De lo que creemos que existe u ocurrió de tal manera, simplemente porque así nos lo han contado, y así lo afirmamos…
Entramos en abril y León capital se ha llenado de banderas republicanas, de graffitis con el lema “3ª República Ya!”. Del Húmedo a El Crucero, en este espejismo es tan importante la firma (JCL) como el mensaje y dónde se coloca. En el lugar más difícil: en toda la ciudad. ¿Qué campaña publicitaria osaría invadir hasta tal punto los muros y paredes de la urbe?.
El graffiti es autoafirmación, es decir: “Estoy aquí, aunque nadie me vea”. Es como la cresta del punk: ¿No queréis verme?… pues me váis a ver!”. Con él se demanda a nivel social la existencia, se reivindica la identidad.
En León tenemos al famosísimo Dr. Hofmann, por ejemplo, del que nadie ha logrado ver su rostro en una foto y que reivindica los viajes y las drogas desde su propio nombre (el del descubridor del LSD), y a la vez consigue que le patrocine sus graffitis el MUSAC o el Museo Gabarrón (que llega a mostrar “fotos” de sus obras en lugar de los auténticos graffitis). Sin embargo, cuando el contenido rebelde es asumido por las instituciones, se depoja de valor. Y sin ese valor, el graffiti ya no es nada. Por eso la 3ª República es también utopía.
Aquí mi graffiti (spray rojo): Besos para Javier Hernando. OLE was here!.
(Publicado el 3 de Abril de 2008 en la página 3 de EL MUNDO de LEÓN)

(Graffiti en una calle de León)


