EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (9) / Cien años de dignidad poética

May 31, 2008

 

    “¿No recuerdas que cuando eras pequeña Victoriano Crémer te daba caramelos siempre que te veía por la calle? Llevaba el bolsillo lleno de dulces para dárselos a los niños”. Así recordó hace unos días mi madre a nuestro escritor y periodista más veterano, incombustible a sus 101 años, Victoriano victorioso de la vida que a pesar de los achaques nunca ha perdido su lucidez y sigue hecho un chaval.

    “¡Cuidaros mucho, que si no me vais a dejar solo!”, les dice a sus colegas escritores ya mayores, como Gamoneda o Pereira, que por lo menos tienen 25 ó 30 años menos que él.

    Anarquista, currante, comprometido, superviviente, amigo… Victoriano es un hombre bueno que ha sabido sortear censuras y mantener la dignidad de su conciencia poética a lo largo de todo un siglo de pobreza, amor entre escombros, trabajo y escritura. Hoy recibirá el homenaje de toda la comunidad educativa del IES Juan de Enzina. Será a la una del mediodía en el salón de actos del centro escolar. Sobre el escenario habrá vídeo, música, puesta en escena, recitado de textos… y algunos escritores y músicos de la ciudad, como Víctor M. Díez o Ildefonso Rodríguez, compartirán tablas con los alumnos y con el propio Crémer.

    Fue el año pasado cuando el instituto que dirige Maximino Barthe emprendió el camino de homenajear a un escritor leonés. En aquella ocasión le tocó a Gamoneda abrir brecha. Con el Premio Cervantes todavía calentito y flamante, el poeta se emocionó de veras con el espectáculo video-teatral y poético que le ofrecieron los estudiantes, capitaneados por el director de teatro Javier R. de la Varga y por el profesor de audiovisuales Héctor Alonso.

    Este año, por segunda vez, también se ha preparado un emocionante espectáculo sobre la vida y la obra de Crémer y se ha editado una revista (edición especial de ‘La Enzina de Juan’) en la que los estudiantes ilustran con dibujos la trayectoria literaria y biográfica de Crémer, con sus cien años de vida a cuestas.

    Lo bueno de los actos culturales del Juan del Enzina es la complicidad de los distintos departamentos del centro a la hora de hacer algo: Dibujo, Música, Lengua, Taller de Audiovisuales, Taller de Teatro y Equipo Directivo aportan cada uno de ellos sus creaciones y trabajo, coordinados por El Birrete de Juan (el estupendo Programa de Acción Cultural en Educación que funciona allí desde hace cinco años). Así que, como dicen los teatreros: ¡Mucha mierda hoy y un gran abrazo para Crémer!

(Publicada el 29 de mayo de 2008 en EL MUNDO de LEÓN) 

 Victoriano Crémer en el homenaje del IES Juan del Enzina. La foto es de Leila Jacue

Noticias sobre el homenaje a Crémer en PEATÓM:

"Y ustedes perdonen si me muero sin avisar"

Homenaje a Victoriano Crémer, incombustible y centenario 

Las palabras de cien años

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Viñeta de RODERA sobre la Concejalía de Cultura

 

EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (8) / El privilegio de ser “ciudadano”

May 22, 2008

    ¿Somos “ciudadanos del mundo”? Piénsalo bien. ¿Qué significa ser “ciudadano del mundo”? Métete en la piel de otro, o de otra. O métete en tu propia piel. ¿Quién eres? ¿Qué y cómo eres? ¿Crees que vives en una sociedad que respeta a sus ciudadanos por igual? Seguramente responderás que sí.
    En la calle donde vivo apareció hace un mes una pintada: “Nativa o extranjera, la misma clase obrera”.
    Estos días, en el centro cívico de El Crucero, la exposición ‘Otros ojos’ muestra la cara de la inmigración en León: 16 vidas, 16 rostros hasta ahora anónimos que dibujan su historia humana. ¿La misma clase obrera?
    Hay más rostros, y todos son reales. Como el de Leila, ecuatoriana, sin papeles. Huyó de la miseria y de un marido maltratador; envía dinero a sus tres hijos, hace años que no les ve. Trabaja como “chacha” para una familia de la rancia burguesía leonesa. Guisa variados menús para la familia, pero a ella le dan otro tipo de platos: yogures caducados, fruta pocha, masa de pizza apenas cubierta con un poco de tomate frito… Cuando hay carne, o pescado, tiene orden de darle las sobras a los dos gatos de la casa. Un día, de la lavadora salieron rasgadas unas cortinas y a ella le descontaron del sueldo lo que costaron otras nuevas.
    Carla, también ecuatoriana, cuida de Milagros, una anciana de 82 años, de ocho de la tarde a diez de la mañana. Cobra 300 euros al mes. Tiene 25 años y le gusta leer. Después de dar de cenar a Milagros, conversa con ella un rato mientas ven la tele. Cuando la anciana se queda dormida, Carla también se queda a oscuras. Tiene prohibido encender la luz para leer por la noche, que eso es un gasto.
    También conozco el caso de Franz, 58 años, armenio, no sabe hablar español. La crisis de la construcción le ha dejado sin trabajo. Su mujer, Anna, era profesora en un instituto de su país. Está enferma, los médicos no dan con lo que tiene, pero cada día sale a limpiar casas “guarrísimas” de profesionales liberales leoneses que la tratan como si fuera analfabeta y coinciden en algo peculiar: todos/as tienen la costumbre de dejar tirada por el suelo su ropa interior sucia entre otras miserias e intimidades, para que ella lo recoja.
    Leila, Carla, Anna… son un espejo de cómo, en lo cotidiano, se puede degradar a las personas en una sociedad clasista. ¿Ciudadanos/as del mundo? Más bien, y salvo honrosas excepciones, explotadores y explotados. Ciudadanos de primera y ciudadanos de cuarta.

(EL MUNDO de LEÓN. 22 de mayo 2008)

Una fotografía de Sebastião Salgado

VÍCTOR M. DÍEZ / La escritura araña

Una columna de Víctor M. Díez en PEATÓM

Una columna de VÍCTOR M. DÍEZ en Peatóm:

La escritura araña 

    Escribo sin carnet, a toda velocidad, sin respetar el código y, la verdad, bastante puesto… Nunca he respetado un stop en la escritura (me parecería un telegrama). Prefiero no mirar ni a derecha ni a izquierda (para lo que hay que ver). Lo cierto es que escribo como un loco, en contradirección, sin hacer caso a las señales, hablando por el móvil. No uso triángulos ni chaleco reflectante. Sé que me juego el dar con mis huesos en la cárcel de los plumillas, si me caza la patrulla censora, pero no me importa. Bajo la ventanilla y escribo a todo gas. Acumular puntos no es lo mío. Soy un imprudente.

    Escribir tiene sus peligros, no crean. Sobre todo ahora que ya no se hace a mano. Según un estudio reciente del laboratorio sueco Pegasus Lab, nuestro teclado puede tener 260 veces más bacterias que un inodoro de uso diario. A veces lo que escribes te parece una porquería, la verdad. Y de alguien muy pulcro se puede decir que tiene el inodoro que se podría comer en él. La cosa se va enredando. Según el estudio, comer mientras se usa el ordenador es la principal causa de esta concentración de bacterias. Comer, escribir e ir de vientre. La cadena (quiero decir la sucesión encadenada) tiene su sentido para quien practica la escritura. Más si se hace caso de la solución que el propio laboratorio ofrece: lavarse las manos antes y después de escribir. Me haré el sueco yo también.

    De cualquier forma, para escribir, lo mejor es ser práctico. Se dice que en los años de la enconada carrera espacial, uno de los retos de la NASA fue conseguir que la falta de gravedad no afectara a la tinta de los bolígrafos. Es decir, que la tinta bajase y se pudiera escribir en el Espacio. Muchos dólares y experimentos después, lo consiguieron: ¡Eureka! Todo para orgullo de la humanidad en general, pero demostrando la superioridad tecnológica de los estadounidenses. Dicen, también, que los soviéticos siguieron llevando los clásicos lapiceros.

    Siempre he creído en aquella máxima que aseguraba que si Kafka hubiera nacido español, no le hubiese quedado otra que ser costumbrista. Lo cierto es que el bueno de Franz se me aparece cada poco. El otro día en un cartel de pared que anunciaba masajes, leí que uno de ellos se denominaba Masaje metamórfico. Qué buen argumento para una nueva versión del célebre relato. Un Gregorio Samsa tumbado en la camilla que se va convirtiendo en cucaracha a cada nuevo meneo de el/la masajista.

    El cuerpo como territorio de escritura. El sexo sería una prueba irrefutable. Pero también las arrugas, el tatuaje, las cicatrices. De una manera más indirecta el maquillaje, los piercings, el propio vestido, la máscara, el disfraz… La página en blanco tiene algo de piel y el poema algo de automutilación.

    Si me permiten extender la metáfora como un mantel o una lona. La ciudad tiene algo de cuerpo y sus paredes algo de piel, algo de párpado cerrado. Ahora los arquitectos le llaman a los revestimientos así: segunda piel. Pero volvamos a la pura pared, a su escritura. No todos los cirujanos que operan sobre ellas tienen gracia. En tiempos se descuidaba la forma por el mensaje. Aquel célebre CLORO AL CLERO, era magnífico. He visto después mucha letra imitada, modismos, escritura dependiente por mucho colorín colorado. Pero siempre destacan algunos de esos conocidos graffiteros. Aquí, en León, me interesa Dr. Hoffman más por la elección del lugar, del encuadre, casi cinematográfico, que por la imagen misma. Últimamente he descubierto otro que opera en Salamanca, se llama AMORFO y si quieren echar un ojo a su trabajo pueden hacerlo en www.latapadera.es.

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO / “El verbo pesar”

Una columna de opinión de TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO en Peatóm

Una columna de Tomás Sánchez Santiago en Peatóm:

EL VERBO PESAR 

    Al margen de la lengua que se hable, hay una dinámica verbal fascinante en el idioma de lo contemporáneo que consiste en transformar unas magnitudes en otras. Los kilómetros, por ejemplo, hace ya mucho que son minutos. Usted pregunta cuánto hay de aquí a París y nadie le contestará en términos de distancia sino de duración: “Tres horas de avión”, se le responderá. El prestigio del viaje ya no está en el trayecto sino en lo que se tarda en llegar al destino. Hemos convertido, sí, al Espacio en Tiempo como única manera de hacer todavía de aquél un material elástico. Lejos y cerca son adverbios relativos; su última razón está en función de otros que, aunque no aparezcan, se están convocando: llegar pronto o llegar tarde. Durar mucho o tardar poco. Esa es la cuestión.

En realidad, desde que el mundo es una habitación demasiado llena viene sucediendo algo parecido a una huida de compromisos con el espacio y sus servidumbres. Quién lo iba a decir. El Tiempo, aquel animal irreductible de fauces abiertas es ahora la gran baza a la que se puede seguir ganando terreno. Trenes ultraveloces, aviones supersónicos o vehículos construidos con sagacidad aerodinámica siguen demostrándolo.

En cuanto al espacio, con el siglo XX llegó a las ciudades el impulso vertical de los rascacielos. La modernidad era cuestión de altura. A más pisos, más modernos. Pero, ay, razones ecoestéticas y razones más graves han puesto ya en entredicho la verticalidad. Y la arquitectura babélica se transformó en un polimorfismo brillante y casi orgánico. En efecto, al Empire State o a las desaparecidas Torres Gemelas les sucede la estética abollada del modelo Guggenheim, con ese espíritu onfálico con el que parece no buscarse en las nubes sino en el interior de sí mismo, todo lo más en el interior germinal de la Tierra, tendiendo a desaparecer o a dar de antemano cierta sensación de fragilidad, de arruinamiento. Eso cuando la arquitectura no se mimetiza con el entorno, como ocurre con los puentes. Ya que se vuelve a ocupar espacio donde casi no hay, al menos pasar inadvertido. Esa parece ser la norma, ¿no?

Últimamente hay algo más. El horror a la masa, a lo que ocupa, se salda con una atracción por lo liviano. Es aquí donde entra en juego la novedad semántica del verbo “pesar”. Al igual que “ocupar”, verbo improcedente, expulsado de nuestras expectativas de modernidad, “pesar” es también un verbo anacrónico, tanto que también se ha transformado —y esto es muy reciente— en el ámbito ectoplásmico del mundo de la información. Y todos lo sabemos ya: que un documento pese mucho en el correo electrónico quiere decir en realidad que ocupa demasiado. Así se han neutralizado esos dos verbos inconvenientes en una sociedad globalizada que despeja los espacios y desdeña los volúmenes. “Ocupar” queda, entonces, como concepto vigente en el ámbito bélico-político, y siempre con un significado cargado de violencia: ocupar por la fuerza y sin permiso. Eso decimos. Ha aparecido, incluso, el verbo “okupar”, donde la letra /k/ ya moviliza la semántica de la palabra hacia espacios de marginalidad. Desde luego, a uno le cae aquí más simpática la /k/ que la /c/. Ocupar los desarraigados siempre se preferirá a que ocupen los militares. Aunque en ambos casos sea sin permiso.

¿Y qué más? Sólo esto: que en una época en que tenemos todo por duplicado, en que lo obsoleto es ya aquello que tiene más de un mes de vida y hay que retirarlo de la vista (¿pero se han dado ustedes cuenta de la admiración que provoca la superficie de los actuales trasteros?), en que lo residual crece desproporcionadamente hasta ocupar más que los objetos del mundo activo, el miedo a acumular llega hasta querer depurar esa palabra, enmascarada por fin en esa otra: “pesar”. Las cosas, pues, ya no ocupan sino que pesan. Al menos en el mundo digital. A aquella identificación del Espacio y el Tiempo (minutos en vez de kilómetros) se añade ésta de ahora. Quizás el horror vacui tiene ahora su contrapeso en este horror pleni. Y nos hacemos, de momento, la ilusión de que todavía queda sitio para todos en el camarote atestado del mundo. O, dicho a la pata la llana, que por fin hay peces grandes que pesan poco.

Pero he de terminar este artículo ya. Me paso de la raya. Sí, creo que si sigo escribiendo pesará demasiado en su habitación digital.

EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (7) / A los mandatarios de ayer y de hoy

May 15, 2008

 

    Honorables mandatarios de ayer y de hoy: lo que está sucediendo en esta ciudad bimilenaria fundada por una legión romana no es normal y viene de atrás pero se asienta en el ahora.
    Nuestro Ayuntamiento tiene ahora mismo una deuda de más de 270 millones de euros (¡glups, unos 45.000 millones de pesetas!, es decir, unos 2.000 euros por habitante), acumulada en los últimos decenios. ¿Y no somos todos un poco culpables de eso? Pues si desde el Ayuntamiento se gestiona lo público, y lo público es lo de todos… ¿no es cierto que hemos ignorado como ciudadanos el crecimiento desmesurado de esa deuda, y que durante años hemos reflejado en las urnas nuestra conformidad con la gestión de los dineros públicos?
    Hemos mirado hacia otro lado, y ahora nos llevamos las manos a la cabeza. Y señalamos con el dedo al partido gobernante que nos sube los impuestos, mientras los sueldos se estancan, para paliar una deuda insostenible que nos perjudica a todos los leoneses, y entre nosotros especialmente a los ciudadanos que no cobran, y a las pequeñas y medianas empresas que se ahogan en impagados y a su vez dejan de pagar, en una interminable cadena de despropósitos.
    El equipo gobernante ha adoptado una medida impopular, subir el IBI un 29%, para poner algo de remedio a las maneras populistas de gastar por encima de las posibilidades, pero no lo ha explicado bien.
    Al tiempo que sube el IBI, además, ¿no es una frivolidad querer colocar en la Plaza de las Palomas un tranvía de diseño cuyo sueño aspira a mejorar el tráfico urbano a costa de levantar calles y empedrados que en su día “nos costaron” un ojo de la cara?
    Señores mandatarios: circular en bicicleta por esta pequeña ciudad, en la que ya no caben más coches ni autobuses, es algo así como jugarse la vida. Si resulta viable instalar unos raíles en medio del asfalto… ¿no se podría también trazar un carril-bici? ¿Y no se podría optar por cambiar alguno de esos enormes autobuses por microbuses? ¿O es que la empresa “privada” concesionaria de este “servicio público” no lo permite? Y, sobre todo: ¿no podrían explicarnos un poco mejor los motivos de tan espectacular subida del IBI?
    Tendemos a demonizar a quien intenta resolver los problemas apelando a la responsabilidad ciudadana, pero ¿no supone eso una forma de eximir de culpa a quienes han generado los problemas mientras embellecían la puerta de nuestra casa con unas macetas?
 (Publicada el 15 de mayo en EL MUNDO de LEÓN)
 
 

EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (6) / ‘Premio Atapuerca’ a la peor web

May 7, 2008

 

    La fiebre de los blogs contrasta con la dejadez informativa y la absoluta desidia y pobreza que se refleja en la mayoría de las páginas webs de las administraciones públicas, tanto a nivel local como provincial y autonómico, por no hablar a nivel estatal. En León, si hubiera que dar un ‘Premio Atapuerca’ a la peor web institucional el fallo estaría de lo más reñido, porque, la verdad, hay demasiadas candidatas.
    Ciñéndonos a la cultura, para empezar por algún sitio, únicamente el MUSAC tiene una web medianamente decente y actualizada. Pero… ¿han entrado alguna vez en la página de la Feria Infantil y Juvenil Leer-León, o en el apartado dedicado al Instituto Leonés de Cultura de la página web de la Diputación provincial? Ya no es que den la sensación de estar en construcción. La sensación es de abandono total. ¿Y qué decir de la página de la Junta de Castilla y León, en el apartado de Turismo, por ejemplo? Es como si esta Comunidad y esta provincia y esta ciudad vivieran de espaldas a la era digital y a las nuevas tecnologías.
    A nivel estatal sucede lo mismo, pero a gran escala y con mayores contrastes. Hacienda y la Agencia Tributaria (con su modelo PADRE) deberían ser un modelo a imitar. Pero Justicia y Sanidad son un auténtico desastre. Un espejo de lo que ocurre en ámbitos más pequeños.
    La realidad es que la mayoría de las webs de las administraciones públicas –y nos referimos ahora a las del ámbito local, provincial y autonómico– dibujan un paisaje de prehistoria tecnológica que se prolonga ya demasiado, en perjuicio de todos. Todo apunta a que nuestros políticos, nuestros gestores, nuestros funcionarios… aún no han tenido tiempo de adaptarse y tomarse en serio los tiempos que corren. No parecen ser conscientes de que no sólo hay que crear una página web de la institución o el centro u organismo correspondiente. También hay que crear nuevos puestos de trabajo para actualizar, mejorar y dotar a esas páginas de contenidos y calidad acordes con los tiempos y las necesidades de los ciudadanos. Es decir, que hay que invertir no sólo en nuevas tecnologías, sino también en recursos humanos.
    Las administraciones públicas son una pieza clave para el desarrollo de la sociedad de la información y deberían ser un modelo de lo que Internet puede hacer en beneficio de la ciudadanía. Pero, por estos pagos, eso de Internet todavía no ha dejado de ser un espejismo.

(Publicada el 8 de mayo de 2008 en EL MUNDO de LEÓN)

GÜNTER WALLRAFF / ‘Cabeza de Turco’

May 3, 2008

Entra (haz click:) a la página oficial Günter Wallraff 

Günter Wallraff, portavoz de los sin voz.

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‘Cabeza de turco’ 

 'Cabeza de turco', de GÜNTER WALLRAFF , en edición de bolsillo (Ed. Anagrama)

 Durante dos años, el periodista alemán Günter Wallraff se transformó en Alí, un inmigrante turco dispuesto a trabajar en cualquier cosa para sobrevivir. Su experiencia aparece recogida en este libro que apareció en Alemania en 1985, con el título de “Ganz unten”.

En España se tituló “Cabeza de turco” y lo publicó la editorial Anagrama en 1987. Imprescindible.

Sobre "pseudo-imitadores" de Wallraff en España (Maruja Torres, Empar Moliner…), se puede consultar el artículo de María Jesús Casals Carro, profesora de Periodismo en la UCM.

3 de Mayo: Día Mundial de la Libertad de Prensa

 

Para ahondar en el "derecho a la información" en España,
un REPORTAJE de Rosario G. Gómez para El País (haz click:)

Lo que se oculta a los ciudadanos

Las administraciones practican el cerrojazo informativo
 
España es uno de los pocos países de la UE que no garantiza por ley la transparencia
 Una viñeta de El Roto

El derecho a saber en nueve principios

  1. El derecho a la información es universal.
  2. Se aplica a todas las entidades públicas, fundaciones y organismos financiados con fondos públicos.
  3. Realizar solicitudes debe ser sencillo, rápido (en 15 días hábiles) y gratuito.
  4. Los funcionarios tienen la obligación de ayudar a los solicitantes.
  5. Rige el principio de publicidad de la información. El secreto y la denegación de información son la excepción.
  6. Las denegaciones de acceso a la información deben ser limitadas y estar debidamente motivadas.
  7. Toda persona tiene el derecho de recurrir las denegaciones de acceso.
  8. Las entidades públicas, a iniciativa privada, deben poner a disposición del público información básica y esencial sin que sea necesario solicitarla.
  9. El derecho de acceso a datos y documentos debe ser garantizado por una autoridad independiente.

EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (5) / La quinta columna

May 1, 2008

    En esta mi quinta columna no puedo menos que recordar a Buenaventura Durruti, leonés universal, nacido en 1896 en el barrio leonés de Santa Ana y asesinado en Madrid, en noviembre de 1936, después de veinte años (media vida) de lucha revolucionaria. Y más cuando celebramos el Día de los Trabajadores, en una época en que el trabajo dignifica tan poco a millones de personas en todo el mundo.
    Durruti es leyenda, mito, utopía. Líder obrero y campesino, valiente y cimarrón, luchó por un mundo más justo en el que los trabajadores no se sintieran avasallados, humillados, embrutecidos, esclavizados, explotados.
    Cuando murió, con solo 40 años, su entierro fue multitudinario. Se dice que una cuarta parte de la población de Barcelona salió a la calle para darle el último adiós.
    Aquí en su ciudad natal, sin embargo, no hay una placa que le recuerde, ninguna calle que lleve su nombre. Hace ya tiempo, el pleno del Ayuntamiento de León aprobó una propuesta de la CGT para instalar un monumento a su memoria en el jardín de Santa Ana. Pero el proyecto de escultura, encargado al artista Diego Segura, duerme desde entonces en uno de esos cajones del Ayuntamiento que nadie quiere abrir.
    Durruti es la gran referencia del anarquismo español. Su filosofía política propone una sociedad libre y sin jerarquías, basada en la ayuda mutua y en la cooperación voluntaria. Su legado sigue siendo importante. La propia democracia defiende conceptos comunes relacionados con los derechos y libertades del individuo, anulados a su vez por el capitalismo.
    Vivimos en una sociedad donde enfermedades como la depresión o el estrés se han convertido en psicopatologías de la vida laboral. Según la OIT, al día de hoy, en España, tres millones de trabajadores (el 15% del total) consume alcohol, hachís y/o cocaína hasta la adicción para soportar el estrés y la ansiedad que les provoca su jornada de trabajo. ¿Cuántos millones más toman drogas “legales”, psicofármacos, ansiolíticos, antidepresivos, etc?
    La última Encuesta Nacional de Salud certifica que el 20% de los españoles (uno de cada cinco) está en riesgo de sufrir trastornos relacionados con la salud mental. Médicos como Antonio Espino alertan de que “la organización del trabajo está apretando las tuercas a la gente de forma brutal, y esa presión se traduce en problemas de ansiedad y trastornos depresivos”. Urge un cambio revolucionario. Nos falta un tornillo, Durruti.

(Publicada el 1 de Mayo en la página 3 de EL MUNDO de LEÓN)