EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (8) / El privilegio de ser “ciudadano”

May 22, 2008

    ¿Somos “ciudadanos del mundo”? Piénsalo bien. ¿Qué significa ser “ciudadano del mundo”? Métete en la piel de otro, o de otra. O métete en tu propia piel. ¿Quién eres? ¿Qué y cómo eres? ¿Crees que vives en una sociedad que respeta a sus ciudadanos por igual? Seguramente responderás que sí.
    En la calle donde vivo apareció hace un mes una pintada: “Nativa o extranjera, la misma clase obrera”.
    Estos días, en el centro cívico de El Crucero, la exposición ‘Otros ojos’ muestra la cara de la inmigración en León: 16 vidas, 16 rostros hasta ahora anónimos que dibujan su historia humana. ¿La misma clase obrera?
    Hay más rostros, y todos son reales. Como el de Leila, ecuatoriana, sin papeles. Huyó de la miseria y de un marido maltratador; envía dinero a sus tres hijos, hace años que no les ve. Trabaja como “chacha” para una familia de la rancia burguesía leonesa. Guisa variados menús para la familia, pero a ella le dan otro tipo de platos: yogures caducados, fruta pocha, masa de pizza apenas cubierta con un poco de tomate frito… Cuando hay carne, o pescado, tiene orden de darle las sobras a los dos gatos de la casa. Un día, de la lavadora salieron rasgadas unas cortinas y a ella le descontaron del sueldo lo que costaron otras nuevas.
    Carla, también ecuatoriana, cuida de Milagros, una anciana de 82 años, de ocho de la tarde a diez de la mañana. Cobra 300 euros al mes. Tiene 25 años y le gusta leer. Después de dar de cenar a Milagros, conversa con ella un rato mientas ven la tele. Cuando la anciana se queda dormida, Carla también se queda a oscuras. Tiene prohibido encender la luz para leer por la noche, que eso es un gasto.
    También conozco el caso de Franz, 58 años, armenio, no sabe hablar español. La crisis de la construcción le ha dejado sin trabajo. Su mujer, Anna, era profesora en un instituto de su país. Está enferma, los médicos no dan con lo que tiene, pero cada día sale a limpiar casas “guarrísimas” de profesionales liberales leoneses que la tratan como si fuera analfabeta y coinciden en algo peculiar: todos/as tienen la costumbre de dejar tirada por el suelo su ropa interior sucia entre otras miserias e intimidades, para que ella lo recoja.
    Leila, Carla, Anna… son un espejo de cómo, en lo cotidiano, se puede degradar a las personas en una sociedad clasista. ¿Ciudadanos/as del mundo? Más bien, y salvo honrosas excepciones, explotadores y explotados. Ciudadanos de primera y ciudadanos de cuarta.

(EL MUNDO de LEÓN. 22 de mayo 2008)

Una fotografía de Sebastião Salgado

2 Comments »

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  1. Joder Elo…que mierda somos.

    Comment by zapi — May 22, 2008 @ 6:38 am

  2. TÚ NO, superzapicorazón!

    Comment by eloisa otero — May 22, 2008 @ 11:04 pm

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