EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (22) / Una lavadora en la India

August 27, 2008
 
    Aquí y allá muchas personas, y entre ellas muchísimas mujeres, viven aún en la prehistoria. Y eso que, como dice Pedro Alonso, el investigador que está haciendo posible el ensayo definitivo de la vacuna contra la malaria, “somos la primera generación con las herramientas y el conocimiento necesarios para superar los grandes desequilibrios en la salud y la riqueza del mundo”.
    Afirma el profesor George Steiner que el próximo poder artístico, intelectual y científico no vendrá de China, como piensan algunos, sino de India. “Tenemos (en la Universidad de Cambridge) muchos alumnos chinos y son muy buenos tomando notas y diciendo sí a todo. Sin embargo, los indios discuten, te preguntan…”.
    De India, maravilloso país de contrastes, están saliendo por ejemplo los mejores matemáticos e informáticos del mundo.
    Y desde India me escribe la poeta leonesa Susana Barragués, después de un viaje de más de quince horas de autobús desde la aldea de Pritti, donde vive la mujer de uno de sus compañeros de trabajo (Susana trabaja para una empresa que desarrolla proyectos de energía eólica en ese país).
    Me cuenta que la mujer tiene 22 años y un bebé de 2 añitos que se llama Arsuk: “Nos entendemos con un poco de inglés y el resto por señas. Cocina durante más de ocho horas al día en cuclillas, sobre el fuego. Me pregunta que cuánto tardo yo en cocinar, y yo le digo que hacer patatas en la olla exprés pues que 10 minutos. Y que normalmente mi amigo R. es el que cocina. Y ella se queda mirándome como que no se lo puede creer”.
    Susana quiere regalarle una lavadora a su amiga, por su cumpleaños. “Su marido no entiende para qué puede necesitar ella una lavadora, pero a mí me da igual. En la India hacen falta muchas cosas, seguro, pero esta chica tiene unos ojos muy avispaos y es curiosa y le gustaría mucho tener tiempo para leer, pero claro, para lavar la ropa a mano de ocho personas hace falta medio día. Y así están la mayoría de las mujeres en la India, sin lavadora. Mientras sus maridos tienen móviles y moto y lo último en ordenadores”.
    Me pregunto cuántas mujeres indias pueden estudiar en Cambridge o simplemente en una escuela. E imagino la cara de la joven amiga de Susana cuando vea la lavadora. Será la envidia de todas las mujeres de la aldea, seguro. Es más, ese electrodoméstico puede suponer toda una pequeña o gran revolución en su comunidad. Y a la vez convertirse en una seria amenaza para los hombres, tan avanzados ellos.
(Publicada el 28 de agosto de 2008) 

EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (21) / El espejismo de Midas

August 21, 2008

 

    Había una vez un alto funcionario muy bueno que se llamaba Midas. Sólo se le detectaba un defecto, y es que en el fondo, muy en el fondo, como cualquier persona normal, deseaba tener para él todo el oro del mundo. Un día Midas le hizo un favor a un empresario llamado Dios.
    Y el empresario le dijo:
    —Lo que me pidas te lo concederé.
    —Quiero que se convierta en oro todo lo que toque— respondió Midas, casi sin pensarlo.
    —¡Qué deseo más tonto, Midas! Eso podría traerte muchos problemas, piénsalo bien.
    —Eso es lo único que quiero.
    —Así sea, pues— concedió el empresario llamado Dios.
    El viejo cuento del rey Midas aborda uno de los grandes espejismos de la mayoría de los humanos, el más poderoso, a veces el más oculto: verse rico, y que todo lo que uno toque se convierta en oro.
    He aquí lo que escuché de refilón en una terraza veraniega, el otro día: “Si te digo la verdad, si yo ocupara un puesto importante, y pudiera beneficiarme, lo haría. El problema es que a estos se les ha notado demasiado…”.
    A esa misma hora, los trabajadores de una empresa informática se manifestaban vestidos de pobres de solemnidad por las calles de León. “Así es como nos sentimos trabajando para Digitex”, se leía en la pancarta que portaban los menesterosos.
    Pensémoslo bien: ¿Es posible hacerse rico trabajando? ¿Se puede ganar mucho dinero con el sudor de la frente y siendo honrado? ¿Sabe alguien lo difícil que es montar un nuevo negocio, invertir en una nueva empresa, y conseguir todos y cada uno de los papeles, requisitos, permisos y licencias pertinentes para iniciar la actividad?
    La mayoría de gente que decide emprender algo espera horas haciendo cola hasta llegar a una ventanilla. Allí, un funcionario o un empleado le recibe a favor o en contra, con una sonrisa o a cara de perro. Es la diferencia entre que alguien te ayude o que alguien te ponga la zancadilla. Y luego están las altas instancias, las que otorgan o deniegan, los pequeños reyezuelos de este sistema absolutamente amoral.
    Rendimiento y confianza son valores que se le piden a un trabajador. Y más a un funcionario público. Y todavía más a un alto funcionario público, cuyo trabajo hoy en día no parece incompatible con el egoísmo del rey Midas y su deseo de transformar en oro todo lo que toque. Porque, a estas alturas, ¿queda alguien capaz de encontrarle la moraleja al viejo cuento en el que Midas acaba sus días viviendo tranquilo en un huerto (solar), como el campesino más humilde?

(Publicada el 21 de agosto de 2008)

EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (20) / Vivir es una obra maestra

August 14, 2008

    “Estamos en el lugar adecuado simplemente porque existe la vida”. Y la vida, nuestra corta vida, es lo único que en verdad poseemos en nuestro inexplicable tránsito por este mundo. Aunque sigamos sin encontrar respuesta a las grandes preguntas existenciales, vivir es toda una experiencia, la “gran” y “única” experiencia de cada uno.
    Puede que nuestra vida guarde una profunda analogía con los ciclos de creación, destrucción y regeneración del cosmos, que parecen ser eternos. Pero ¿realmente somos parte de un orden universal en el cual nuestro efímero destino cumple algún papel?
    “Los soles pueden salir y ponerse; / nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida, /tendremos que vivir una noche sin fin”. (Catulo)
    Para algunas personas, más importante que la experiencia en sí de la vida —por anodina o absurda o maravillosa o terrible que pueda ser— es el hecho de “vivir para contarla”. Porque, en el fondo, somos animales que cuentan historias, y eso es lo que nos diferencia, sobre todas las cosas, a los humanos del resto de los animales.
    “Mi poesía es el relato de cómo avanzo hacia la muerte”, dice Gamoneda, y la frase también se podría traducir por “mi poesía es contar la vida”.
    ‘Vivir es una obra maestra’, titula Jorge Eduardo Eielson el libro en el que revisa toda su obra poética. Y el título suena como un lema, en el que el gran artista peruano resume y vuelca su manera de asumir el arte como una vía capaz de otorgar dignidad a la vida.
    “No hay poesía hay solamente / Vida. Lo que pasa es que la gente / No sabe que la poesía / Es vida y sobre todo / Que la vida es poesía / Todo eso es viejo se dirá / Pero qué importa. Todo es también / Completamente nuevo / Todo es manzana cuando escribo / Y nada es banana / Si no me da la gana”. (Eielson)
    La poesía da cuenta de la vida. Y la poesía, como la filosofía —también la ciencia—, cuenta que el verdadero tiempo es el de la utopía, un tiempo sin principio ni fin.
    Porque “la vida también espera algo de nosotros” (para reflexionar sobre ello recomiendo un libro de Viktor Frankl: ‘El hombre en busca de sentido’). De ahí nuestra capacidad de superar adversidades. Una capacidad que requiere de acciones coherentes y del ejercicio de la libertad a la hora de elegir nuestra actitud (entregarse a las situaciones o hacerles frente), sean cuales sean las circunstancias que nos rodean. Sólo así (actuando) cada uno de nosotros podrá hacer de su vida, o no, una obra maestra.
(Publicada el 14 de agosto de 2008) 

 

EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (19) / Se canta lo que se pierde

August 8, 2008

    Los oficios artesanales desaparecen sin remedio. Y, con ellos, muchas formas de vivir y de contar.
    Los que visiten este verano el Alfar Museo de Jiménez de Jamuz, por ejemplo, tendrán ocasión de asistir a algo que empieza a ser reliquia: la exhibición de cómo se realiza una pieza de barro a la manera tradicional. Es decir, después de extraer la arcilla de los barreros del pueblo, y de secar el barro, hay que amasarlo y crear cada pieza con el torno y la rueda de pie. A continuación, hay que cocer las piezas en el horno árabe, con leña de urces, vidriarlas con sulfuro de plomo, y hasta decorar algunas de ellas utilizando como pincel la pluma de una gallina.
    Cuando los visitantes observan el proceso, realizado por Jaime Argüello, uno de los últimos alfareros de Jamuz, no hay uno que no quiera adquirir después una pieza, cueste lo que cueste. Algo que pueden hacer en cualquiera de las cuatro alfarerías que aún funcionan en el pueblo.
    Lo malo es que en Jamuz, en el último medio siglo, el número de maestros alfareros ha descendido de 160 a sólo cuatro. ¿Por qué? Las razones son varias. Una es el crecimiento de la artesanía industrial. Otra, que los tradicionales cacharros de barro (ánforas, cazuelas, ollas, platos, botijos….) antaño tenían un carácter utilitario y no podían faltar ni en la casa ni en la cocina, mientras que ahora se limitan a ser objetos decorativos.
    Argüello, el encargado del Alfar Museo, afirma como a la desesperada que “esta tradición no se va a terminar”, mientras explica que la diferencia entre un producto artesanal y uno industrial "se ve rápidamente". En el caso de los cacharros de barro, no sólo es el color y la forma, sino la “seguridad” que ofrece un producto único y bien hecho. El problema es que ahora importa cada vez menos la calidad.
    Vivir de la artesanía tradicional siempre fue duro, pero en estos momentos mucho más. Argüello vive para contarlo, al igual que los cuatro alfareros que sobreviven con su arte en Jamuz. Pero…
    Leo un libro de Miguel Marinas, ‘La escucha en la historia oral’, que habla de cómo la pérdida de una forma de vida, y la consiguiente pérdida del relato de esa manera de vivir, lleva aparejada la pérdida de construcción de expectativas y de formas de anticipar el futuro inmediato. A nivel social, eso se traduce en una pérdida de la capacidad de escuchar. Como dice Marinas: “Todo el mundo quiere hablar, porque estamos hechos polvo, pero ya no nos escucha ni dios”.

(Publicada el 7 de agosto de 2008) 

EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (18) / Y tú más

    —Eres sumisa y poco reivindicativa.
    —Pues tú y tus colegas bien vacías que dejasteis nuestras arcas, así que mejor no hables…
    —Pues anda, que los tuyos menudo agujero negro nos han dejado a nosotros.
    —Mira, es una vergüenza que abras esa boca y no te sonrojes, pedazo de oscurantista.
    —Tú sí que deberías callarte, irresponsable, que eres una irresponsable.
    —Y tú un vago.
    —Vaga lo serás tú, e hipócrita e ineficaz…
    —Y tú un dejado, que en el fondo tampoco estás haciendo nada de nada.
    —Pues tú más…
    —No, tú más…
    ¿Son felices nuestros políticos? ¿Son inteligentes? ¿Son como niños? ¿Sabrían responder a las tres preguntas básicas que ya plantearon los griegos: quién soy, de dónde vengo, para qué estoy aquí?
    No sé, la verdad. Están tan ocupados copando titulares con sus intercambios de insultos pueriles, mientras sueñan con llegar a ministros, que no deben de tener tiempo para otra cosa. No pasa un día sin que se llamen algo feo los unos a los otros, sumidos en una continua ofensiva verbal con precedentes. Sin embargo, también parece que cuidan cada vez más las formas, no vaya alguno o alguna a querellarse por traspasar esa frontera sutil que separa la libertad de expresión de las afirmaciones injuriosas que a Jiménez Losantos, por ejemplo, le están costando un ojo de cara y parte del otro.
    Una de las cosas que debe dominar el político es el uso correcto del eufemismo. Se pueden llamar de todo, pero si además se tratan de usted, como muestra de respeto, mejor.
    —Es usted un mago de la estulticia y su brillante inacción en la gestión nos está conduciendo a la cumbre de la ruina paupérrima.
    —Pues usted domina la estolidez mejor que nadie, y debería sacar más partido de su aristocrática manera de dilapidar los fondos públicos…
    El fondo del discurso real, no obstante, lo que deja traslucir es la absoluta falta de responsabilidad de los políticos en determinadas circunstancias. Cuando se van, cuando dejan su cargo, no hay manera de pedirles cuentas en caso de mala gestión. Y mientras están, la mayoría de las veces tampoco. Un ejemplo claro, que subyace en este cruce veraniego de ofensas verbales, es la ingente deuda del Ayuntamiento y la no menos ingente deuda de la Diputación. ¿Algún responsable?
    Tomo la frase de una columna dórica del colega Paco Labarga,: “Hay un grupo de científicos que pretenden que se les deje experimentar con políticos, porque a las ratas se les acaba cogiendo cariño…”.
 (Publicada el 31 de julio de 2008)