EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (42) / Pensar la urbe
January 28, 2009 
Pensar la urbe
Hace unos días una parte de mi familia se fue hasta Matallana en el tren de Feve. Y se encontró con algo que les chocó un poco. Y es que, para acceder al andén, ahora hay que sacar primero un billete y pasarlo por una maquinita. Es decir, que ya no se puede, así como así, ir a buscar al abuelo o a la tía que vienen del pueblo cargados de paquetes y de telares, y ayudarles a bajar del tren, por ejemplo. Ni tomar un café en el entrañable bar de la estación, ahora separado por una valla, mientras se espera la hora de salida o de llegada. Ni pasear por ese andén tan cargadito de historias del Torío y más allá…
Ahora que nos privatizan el agua, la cuestión es que también ha empezado a cambiar, casi sin que nos demos cuenta, el concepto en torno a lo que es público y lo que es privado en la ciudad. Públicos, por ejemplo, son los “bancos” que se utilizan para sentarse y donde ya no dejan dormir a los vagabundos. O los parques que se cierran a cal y canto al caer la noche….
Hace algún tiempo (años 90), en Barcelona se resolvió una sentencia a favor de un vagabundo que había mantenido una pelea con otro al ver ocupado el banco público en el que habitualmente vivía. En tal sentencia el juez reconocía finalmente como domicilio legal del vagabundo dicho banco público. Sin embargo, los tiempos han cambiado tanto, tanto, que una sentencia como ésta creo que sería imposible que un juez la dictara hoy día.
¿Qué es una ciudad y hasta qué punto los espacios públicos son públicos, o poco a poco se van convirtiendo en privados? Para muchos, el derecho a la ciudad no es tan solo el derecho a usarla, sino también el derecho a interpretarla, a identificarnos con ella, a disfrutar y ocupar sus espacios de una manera fluida, espontánea, creativa, incluso simbólica… El espacio urbano, no obstante, está perdiendo su carácter de espacio vivo. Cada vez más, los bloques de viviendas acotan sus propios “espacios comunes” (jardines, patios de juego…) como “espacios privados”. Igual que, cuando caminas por el campo, ahora lo único público es el camino. Hasta los árboles tienen dueño.
(Publicada el 29 de febrero de 2009)





Muy buena reflexión, esas máquinas son de lo más ortopédicas y además feas de verdad. Qué manía con ponerle puertas al campo…
Comment by libélula — January 29, 2009 @ 7:53 am
Joder (o jolines como te gusta a ti) pensé eso hará cosa de un mes que me pasó lo mismo, pero lo peor es que el los pueblos pasa lo mismo en las estaciones.
Besos y salud
Comment by zapi — January 29, 2009 @ 12:08 pm
Efectivamente, en los pueblos pasa lo mismo, y es absurdo, porque las estaciones son pequeñitas y siempre han estado integradas en la vida diaria…
Comment by eloisa otero — January 29, 2009 @ 1:36 pm