EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (55) / Se te escapa entre alondras…
April 30, 2009 
[Retrato de Antonio Pereira,
realizado por Encarnación Campesino.]
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DE LA misma forma que hay palabras capaces de envenenarnos, también existen las palabras que curan. (Sustituir ‘palabras’ por ‘personas’).
Las palabras, y por extensión todas las lenguas en las que cobran sentido, conforman uno de los grandes tesoros de la Humanidad. Sin ellas podrían existir algunas artes (la música, la pintura, la danza…) pero no la física quántica.
Es un privilegio conocer a las mejores mentes de tu generación, y ver cómo lucharon para ‘no’ ser destruidas por la locura. Conocer a las mejores personas, ‘con el corazón absoluto del poema de la vida extirpado de sus cuerpos bueno para comer durante mil años’ (Ginsberg).
Tienen razón Juan Carlos Mestre y Ezra Pound: ‘Es imposible escribir un buen poema si no se es antes una mejor persona’. También lo dice Kapuscinski, en referencia a otro oficio relacionado con las palabras: ‘Para ser buen periodista hay que ser buena persona’.
Y Jorge Eduardo Eielson, en el poema titulado ‘Ser artista’: ‘Es convertir un objeto cualquiera / En un objeto mágico / Es convertir la desventura / La imbecilidad y la basura / En un manto luminoso / Es padecer día y noche / De una enfermedad deslumbrante / (…) Es pintar el cielo estrellado / Como si fuera un basural / Es pintar un basural / Como si fuera el cielo estrellado / Es vivir como un príncipe / Siendo solamente un hombre cualquiera / Es vivir como un hombre cualquiera / Siendo solamente un príncipe / Es jugar jugar jugar / (…) Es jugarse la vida por una pincelada / Es despertar todos los días / Ante una tela vacía / Es no pintar nada’.
Voto porque se publiquen los diarios en los que Antonio Pereira anotaba sus reflexiones cada día. ‘¿Pero a quién podrían interesarle mis diarios?’, se preguntó muchas veces el maestro, durante más de 40 años. ‘Yo no muerdo a nadie en ellos; lo único que encontrará un lector es que estarán bien escritos’. Eso dijo.
A mí me interesan, y supongo que a alguien más. Buscaría en ellos las palabras que curan. Y me reiría por algo, seguro, cada vez que los abriera.
Gracias por la risa, queridísimo e inolvidable Pereira.
(Publicada el 30 de abril de 2009, en EL MUNDO DE LEÓN)












