EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (63) / Calor
June 24, 2009 
"El jefe no me da el uniforme de verano. Dice que no hay para todos"
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COMO casi todos los días, a la misma hora, el hombre aparca el carrito gris de la basura a la entrada de la pizzería. Hace mucho calor y entra en el local pañuelo en mano, limpiándose el sudor que le cae a chorros por la cara. Viste un grueso mono azul del servicio municipal de limpieza, chaleco naranja con rayas reflectantes y recias botas. Es un tipo mayor de cincuenta, canoso, bajito. Y si es cierto eso de que al llegar a cierta edad uno tiene la cara que se merece, la suya muestra que la vida no le ha tratado bien. Le pregunta el camarero que cómo lleva el mono de invierno, con los 32 grados que reinan sobre el asfalto. "El jefe no me da el uniforme de verano, dice que no hay suficientes para todos. Y como estoy contratado, también me dice que o me aguanto o ya sé lo que me toca. Lo peor son estas botas. Tengo los pies cocidos. ¡Esta es la democracia que tenemos en este país!", clama, soltando a continuación un discurso sobre las cosas como muy de la cope.
No me extraña que el hombre se sienta indignado. Cada cual habla de la feria según le va en ella. Se toma una cervecita con una tapa de pizza. Saca un bocadillo de una bolsa de plástico. Acostumbra a parar allí, en esa discreta pizzería, durante el pequeño rato del que dispone para almorzar. Cuando se va, me comenta el camarero: "Es un viejo conocido. Ha estado mucho tiempo en paro. Consiguió un contrato temporal en el servicio de limpiezas, pero su jefe le tiene manía y le trata mal".
Ahora me fijo mucho en los hombres y mujeres que barren las calles. Todos llevan camisa azul de manga corta y calzado adecuado a la época estival. Ayer, al volver de madrugada a casa, observé el paisaje desde el puente de Los Leones. Miles de bolsas de basura, plásticos y desperdicios inundaban las riberas del Bernesga, bajo el paseo de La Condesa, Papalaguinda y orillas contrarias. Las huellas del botellón de la noche de San Juan. No vi contenedores cerca. A esta hora, pensé, debe comenzar su jornada el hombre sudoroso del carrito gris. A la vista de la porquería que dejamos por ahí, no sólo le trata mal su jefe.
(Publicada el 25 de junio de 2009 en EL MUNDO DE LEÓN)









