JUAN APARICIO BELMONTE / Irse de cañas

June 6, 2008

Haz click y entra en las columnas de Juan Aparicio Belmonte en PEATÓM

 Una columna de JUAN APARICIO BELMONTE en Peatóm:

Irse de cañas 

    Me ha llamado mucho la atención una encuesta divulgada recientemente por la Asociación de Cerveceros para favorecer el consumo de su bebida. Preguntados por el compañero ideal para irse de cañas, los hombres españoles mencionan en primer lugar a José Luis Rodríguez Zapatero; en segundo lugar, al conductor de Fórmula 1, Fernando Alonso, y en tercero, a Mariano Rajoy. O sea, que a un español medio se le concede la posibilidad de seleccionar a quien quiera para irse de bares, sin restricciones geográficas ni de género ni de ningún tipo, y nombra a uno de estos tres individuos, más bien marmolillos y que para colmo están ya todo el día en la televisión. Qué raro que no aparezca Raúl, que posee un perfil similar.

    Las mujeres españolas optan por personas del otro sexo, lo que indica que son muchísimo más ligonas. Tras el presidente del Gobierno, se decantan por Joan Manuel Serrat y después por Antonio Banderas. Algo así como si los hombres hubieran elegido a María del Mar Bonet y a Penélope Cruz.

    Como demuestra Eduardo Punset en su programa, al mundo le sobra gente interesante con quien sería muy provechoso y divertido compartir una cerveza, aunque fuera caliente y en inglés. No sé si uno de ellos sería el propio Punset, pero esto ya es otra historia.

    También hay miles de mujeres atractivas que tal vez con unas cuantas cañas ganarían en cercanía: Scarlett Johanson, por ejemplo. Pero los varones españoles no quieren ligar ni aprender cómo funciona el cerebro. Prefieren irse de tapas con dos políticos y un conductor de bólidos, ninguno de los cuales destaca por su elocuencia ni por su chispa. Incluso a uno le apodan Sosomán sus compañeros de partido. Resulta difícil entender la elección, la verdad, salvo que el personal quiera reírse con las mismas tonterías que ya divulgan las televisiones machaconamente: que si el plan Ibarretxe, que si los trasvases, que si la crisis del PP, que si Hamilton es un trepa.

    La encuesta evidencia que los españoles somos unos charlatanes que no sabemos escuchar, y acudimos a los bares para desahogar nuestra verborrea; seguramente porque no podemos permitirnos la contratación de un psicoanalista (habría que dejar de pagar la hipoteca) y el confesionario sólo sirve para arrepentirse de los pecados, no para alardear de ellos.

    A partir de esta constatación, se pueden distinguir tres clases de charlatanes. Los que se inclinan por Zapatero serían los chistosos, pues necesitan un oyente que sonría permanentemente para salvaguardar su autoestima. Quienes se decantan por Fernando Alonso desean a un oyente más huraño, reconcentrado y siempre dispuesto a llevar la contraria si no está de acuerdo. Estamos ante los discutidores de barra. Y, por último, se encuentran los que prefieren a Mariano Rajoy, que optan por un espectador perplejo, que ante los sobresaltos de la narración abra los ojos con estupor. Son los contadores de historias de terror, supongo.

EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (9) / Cien años de dignidad poética

May 31, 2008

 

    “¿No recuerdas que cuando eras pequeña Victoriano Crémer te daba caramelos siempre que te veía por la calle? Llevaba el bolsillo lleno de dulces para dárselos a los niños”. Así recordó hace unos días mi madre a nuestro escritor y periodista más veterano, incombustible a sus 101 años, Victoriano victorioso de la vida que a pesar de los achaques nunca ha perdido su lucidez y sigue hecho un chaval.

    “¡Cuidaros mucho, que si no me vais a dejar solo!”, les dice a sus colegas escritores ya mayores, como Gamoneda o Pereira, que por lo menos tienen 25 ó 30 años menos que él.

    Anarquista, currante, comprometido, superviviente, amigo… Victoriano es un hombre bueno que ha sabido sortear censuras y mantener la dignidad de su conciencia poética a lo largo de todo un siglo de pobreza, amor entre escombros, trabajo y escritura. Hoy recibirá el homenaje de toda la comunidad educativa del IES Juan de Enzina. Será a la una del mediodía en el salón de actos del centro escolar. Sobre el escenario habrá vídeo, música, puesta en escena, recitado de textos… y algunos escritores y músicos de la ciudad, como Víctor M. Díez o Ildefonso Rodríguez, compartirán tablas con los alumnos y con el propio Crémer.

    Fue el año pasado cuando el instituto que dirige Maximino Barthe emprendió el camino de homenajear a un escritor leonés. En aquella ocasión le tocó a Gamoneda abrir brecha. Con el Premio Cervantes todavía calentito y flamante, el poeta se emocionó de veras con el espectáculo video-teatral y poético que le ofrecieron los estudiantes, capitaneados por el director de teatro Javier R. de la Varga y por el profesor de audiovisuales Héctor Alonso.

    Este año, por segunda vez, también se ha preparado un emocionante espectáculo sobre la vida y la obra de Crémer y se ha editado una revista (edición especial de ‘La Enzina de Juan’) en la que los estudiantes ilustran con dibujos la trayectoria literaria y biográfica de Crémer, con sus cien años de vida a cuestas.

    Lo bueno de los actos culturales del Juan del Enzina es la complicidad de los distintos departamentos del centro a la hora de hacer algo: Dibujo, Música, Lengua, Taller de Audiovisuales, Taller de Teatro y Equipo Directivo aportan cada uno de ellos sus creaciones y trabajo, coordinados por El Birrete de Juan (el estupendo Programa de Acción Cultural en Educación que funciona allí desde hace cinco años). Así que, como dicen los teatreros: ¡Mucha mierda hoy y un gran abrazo para Crémer!

(Publicada el 29 de mayo de 2008 en EL MUNDO de LEÓN) 

 Victoriano Crémer en el homenaje del IES Juan del Enzina. La foto es de Leila Jacue

Noticias sobre el homenaje a Crémer en PEATÓM:

"Y ustedes perdonen si me muero sin avisar"

Homenaje a Victoriano Crémer, incombustible y centenario 

Las palabras de cien años

***

Viñeta de RODERA sobre la Concejalía de Cultura

 

VÍCTOR M. DÍEZ / La escritura araña

May 22, 2008

Una columna de Víctor M. Díez en PEATÓM

Una columna de VÍCTOR M. DÍEZ en Peatóm:

La escritura araña 

    Escribo sin carnet, a toda velocidad, sin respetar el código y, la verdad, bastante puesto… Nunca he respetado un stop en la escritura (me parecería un telegrama). Prefiero no mirar ni a derecha ni a izquierda (para lo que hay que ver). Lo cierto es que escribo como un loco, en contradirección, sin hacer caso a las señales, hablando por el móvil. No uso triángulos ni chaleco reflectante. Sé que me juego el dar con mis huesos en la cárcel de los plumillas, si me caza la patrulla censora, pero no me importa. Bajo la ventanilla y escribo a todo gas. Acumular puntos no es lo mío. Soy un imprudente.

    Escribir tiene sus peligros, no crean. Sobre todo ahora que ya no se hace a mano. Según un estudio reciente del laboratorio sueco Pegasus Lab, nuestro teclado puede tener 260 veces más bacterias que un inodoro de uso diario. A veces lo que escribes te parece una porquería, la verdad. Y de alguien muy pulcro se puede decir que tiene el inodoro que se podría comer en él. La cosa se va enredando. Según el estudio, comer mientras se usa el ordenador es la principal causa de esta concentración de bacterias. Comer, escribir e ir de vientre. La cadena (quiero decir la sucesión encadenada) tiene su sentido para quien practica la escritura. Más si se hace caso de la solución que el propio laboratorio ofrece: lavarse las manos antes y después de escribir. Me haré el sueco yo también.

    De cualquier forma, para escribir, lo mejor es ser práctico. Se dice que en los años de la enconada carrera espacial, uno de los retos de la NASA fue conseguir que la falta de gravedad no afectara a la tinta de los bolígrafos. Es decir, que la tinta bajase y se pudiera escribir en el Espacio. Muchos dólares y experimentos después, lo consiguieron: ¡Eureka! Todo para orgullo de la humanidad en general, pero demostrando la superioridad tecnológica de los estadounidenses. Dicen, también, que los soviéticos siguieron llevando los clásicos lapiceros.

    Siempre he creído en aquella máxima que aseguraba que si Kafka hubiera nacido español, no le hubiese quedado otra que ser costumbrista. Lo cierto es que el bueno de Franz se me aparece cada poco. El otro día en un cartel de pared que anunciaba masajes, leí que uno de ellos se denominaba Masaje metamórfico. Qué buen argumento para una nueva versión del célebre relato. Un Gregorio Samsa tumbado en la camilla que se va convirtiendo en cucaracha a cada nuevo meneo de el/la masajista.

    El cuerpo como territorio de escritura. El sexo sería una prueba irrefutable. Pero también las arrugas, el tatuaje, las cicatrices. De una manera más indirecta el maquillaje, los piercings, el propio vestido, la máscara, el disfraz… La página en blanco tiene algo de piel y el poema algo de automutilación.

    Si me permiten extender la metáfora como un mantel o una lona. La ciudad tiene algo de cuerpo y sus paredes algo de piel, algo de párpado cerrado. Ahora los arquitectos le llaman a los revestimientos así: segunda piel. Pero volvamos a la pura pared, a su escritura. No todos los cirujanos que operan sobre ellas tienen gracia. En tiempos se descuidaba la forma por el mensaje. Aquel célebre CLORO AL CLERO, era magnífico. He visto después mucha letra imitada, modismos, escritura dependiente por mucho colorín colorado. Pero siempre destacan algunos de esos conocidos graffiteros. Aquí, en León, me interesa Dr. Hoffman más por la elección del lugar, del encuadre, casi cinematográfico, que por la imagen misma. Últimamente he descubierto otro que opera en Salamanca, se llama AMORFO y si quieren echar un ojo a su trabajo pueden hacerlo en www.latapadera.es.

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO / “El verbo pesar”

Una columna de opinión de TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO en Peatóm

Una columna de Tomás Sánchez Santiago en Peatóm:

EL VERBO PESAR 

    Al margen de la lengua que se hable, hay una dinámica verbal fascinante en el idioma de lo contemporáneo que consiste en transformar unas magnitudes en otras. Los kilómetros, por ejemplo, hace ya mucho que son minutos. Usted pregunta cuánto hay de aquí a París y nadie le contestará en términos de distancia sino de duración: “Tres horas de avión”, se le responderá. El prestigio del viaje ya no está en el trayecto sino en lo que se tarda en llegar al destino. Hemos convertido, sí, al Espacio en Tiempo como única manera de hacer todavía de aquél un material elástico. Lejos y cerca son adverbios relativos; su última razón está en función de otros que, aunque no aparezcan, se están convocando: llegar pronto o llegar tarde. Durar mucho o tardar poco. Esa es la cuestión.

En realidad, desde que el mundo es una habitación demasiado llena viene sucediendo algo parecido a una huida de compromisos con el espacio y sus servidumbres. Quién lo iba a decir. El Tiempo, aquel animal irreductible de fauces abiertas es ahora la gran baza a la que se puede seguir ganando terreno. Trenes ultraveloces, aviones supersónicos o vehículos construidos con sagacidad aerodinámica siguen demostrándolo.

En cuanto al espacio, con el siglo XX llegó a las ciudades el impulso vertical de los rascacielos. La modernidad era cuestión de altura. A más pisos, más modernos. Pero, ay, razones ecoestéticas y razones más graves han puesto ya en entredicho la verticalidad. Y la arquitectura babélica se transformó en un polimorfismo brillante y casi orgánico. En efecto, al Empire State o a las desaparecidas Torres Gemelas les sucede la estética abollada del modelo Guggenheim, con ese espíritu onfálico con el que parece no buscarse en las nubes sino en el interior de sí mismo, todo lo más en el interior germinal de la Tierra, tendiendo a desaparecer o a dar de antemano cierta sensación de fragilidad, de arruinamiento. Eso cuando la arquitectura no se mimetiza con el entorno, como ocurre con los puentes. Ya que se vuelve a ocupar espacio donde casi no hay, al menos pasar inadvertido. Esa parece ser la norma, ¿no?

Últimamente hay algo más. El horror a la masa, a lo que ocupa, se salda con una atracción por lo liviano. Es aquí donde entra en juego la novedad semántica del verbo “pesar”. Al igual que “ocupar”, verbo improcedente, expulsado de nuestras expectativas de modernidad, “pesar” es también un verbo anacrónico, tanto que también se ha transformado —y esto es muy reciente— en el ámbito ectoplásmico del mundo de la información. Y todos lo sabemos ya: que un documento pese mucho en el correo electrónico quiere decir en realidad que ocupa demasiado. Así se han neutralizado esos dos verbos inconvenientes en una sociedad globalizada que despeja los espacios y desdeña los volúmenes. “Ocupar” queda, entonces, como concepto vigente en el ámbito bélico-político, y siempre con un significado cargado de violencia: ocupar por la fuerza y sin permiso. Eso decimos. Ha aparecido, incluso, el verbo “okupar”, donde la letra /k/ ya moviliza la semántica de la palabra hacia espacios de marginalidad. Desde luego, a uno le cae aquí más simpática la /k/ que la /c/. Ocupar los desarraigados siempre se preferirá a que ocupen los militares. Aunque en ambos casos sea sin permiso.

¿Y qué más? Sólo esto: que en una época en que tenemos todo por duplicado, en que lo obsoleto es ya aquello que tiene más de un mes de vida y hay que retirarlo de la vista (¿pero se han dado ustedes cuenta de la admiración que provoca la superficie de los actuales trasteros?), en que lo residual crece desproporcionadamente hasta ocupar más que los objetos del mundo activo, el miedo a acumular llega hasta querer depurar esa palabra, enmascarada por fin en esa otra: “pesar”. Las cosas, pues, ya no ocupan sino que pesan. Al menos en el mundo digital. A aquella identificación del Espacio y el Tiempo (minutos en vez de kilómetros) se añade ésta de ahora. Quizás el horror vacui tiene ahora su contrapeso en este horror pleni. Y nos hacemos, de momento, la ilusión de que todavía queda sitio para todos en el camarote atestado del mundo. O, dicho a la pata la llana, que por fin hay peces grandes que pesan poco.

Pero he de terminar este artículo ya. Me paso de la raya. Sí, creo que si sigo escribiendo pesará demasiado en su habitación digital.

19 de Mayo: PEATÓM (www.peatom.info)

May 19, 2008

 Entra en el nuevo periódico digital PEATÓM (haz click:)

Son las 6 de la mañana. Y estamos a punto de salir al ciberespacio.

Peatóm (con eme). Palabra nueva, dícese de la partícula urbana, única e indivisible. La materia de la que están hechas las sociedades… y los sueños. Haz clic

 

PEATÓM y sus demiurgos

 Antonio Yuste y Jorge García

 

PEATÓM: ¿Quiénes somos? 

Es un placer formar parte de este sueño.

El chiste de RODERA sobre la fiesta del 24-A que se han sacado de la manga en León

April 23, 2008

 http://islacocotero.blogsome.com/images/rod1.jpg

 rodera.net

(Una pena que de momento Rodera no cuelgue en su web los chistes que publica en El Mundo) 

María Antonia Reinares (en China)

April 20, 2008

 María Antonia Reinares

La periodista María Antonia Reinares
(Informativos de la SER-León). 

EL MUNDO en una buhardilla…

April 5, 2008

 en la buhardilla de Julio del Campo

Así era yo cuando empecé a trabajar como corresponsal de EL MUNDO en León, allá por los 90, con Óscar de Paz, Ramiro, Ana M. Díez y Murciego. La oficina: en la fría y espaciosa buhardilla de Julio del Campo. Había que enviar las fotos (y revelarlas cuando se podía, en blanco y negro, a toda prisa) por autobús, taxi o por correo ordinario, y en caso de mucha emergencia alguna vez hasta utilizamos el telefoto de Javi Casares.  El ordenador: un classic de mac, al que más tarde incorporamos un módem. Enviábamos las noticias a Valladolid por fax o dictándolas por teléfono a una secretaria de redacción, a cobro revertido y haciendo cola. La impresora margarita era lentísima. Cuando Oscar instaló internet y abrió un correo electrónico, para enviar así las fotos y las noticias, en el periódico ni sabían qué era eso del mail. Qué tiempos!