EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (69) / ‘La vida enfrente’
August 18, 2009
LA VIDA ENFRENTE
Necesitamos sentirnos parte de algo, ’ser’ con otros
TENEMOS tan poca conciencia de lo común, y tal necesidad de compartir, que cualquier actividad multitudinaria, por intrascendente que sea la causa, nos emociona de manera insospechada. Necesitamos sentirnos parte de algo. El simple azar de poder cantar a coro con un grupo de amigos una canción conocida, por absurda que sea, nos hace cómplices por necesidad. No digamos ya acudir a un macroconcierto del ‘Boss’ o de Leonard Cohen (aunque este último no pierda su carácter intimista por el hecho de actuar ante más de 4.000 personas, una minucia, comparado con las 34.000 almas que se reunieron en Valladolid para que Springsteen las hiciera vibrar como una sola).
Pero, de la misma forma que este tipo de vínculos nos unen de manera momentánea, nos distancian al día siguiente por una ausencia de motivación y por vergüenza de reconocer la necesidad de ’ser’ con otros.
Sospechamos que el hecho de mostrarnos como somos nos convierte en vulnerables, susceptibles de ser atacados por las personas a las que nos hemos mostrado. Sin embargo, la vulnerabilidad la generamos nosotros en nuestra propia inseguridad. Nadie debiera tener miedo a mostrarse como es, siendo consciente de su capacidad y personalidad. No puedes ser atacado cuando nada ocultas y tus actitudes no agreden a nadie.
Pensaba en todo esto cuando los petardos y cohetes con motivo de una boda sobresaltaron de pronto a todo el barrio. Tras la algarabía, la entrada de la iglesia que hay junto a mi casa quedó inundada de confeti, serpentinas y papelitos brillantes. Cuando todo terminó, el cura se puso a barrer afanosamente. Con todo cuidado fue amontonando la porquería en el asfalto, junto al borde de la acera, a varios metros de la iglesia. Y allí la dejó, a la espera de que unos días después los servicios de limpieza se la llevaran. ¿Pero cómo no se le ocurre recogerlo y depositarlo en el contenedor existente cinco metros más allá? A eso se le llama espíritu cívico, ironizó un vecino, mientras el viento se encargaba de dispersar ese montoncito de porquería por toda la calle.



Fue el ecologista Ramiro Pinto quien, para sorpresa de la corporación, se levantó y comenzó una de las revueltas ciudadanas más curiosas y ‘culturales’ que se recuerdan: "Esto es una ‘intifada poética’ contra la mentira del alcalde sobre la privatización del agua". Los rostros de los políticos sí que eran un poema. "No vamos a tirarle un zapato por indigno —prosiguió con toda la capacidad de sus pulmones—, sino que como dijo el poeta libanés Adonis: a los políticos que no tienen palabra hay que decírselo de forma poética".


















