Velasco, el pintor de las estrellas
El cartelista del Emperador desempolva
la selección de retratos que guardó para el recuerdo
Una entrevista de I. HERRERA para La Crónica
Fotos de MAURICIO PEÑA
El cierre del Emperador fue un portazo en la vida de Juan Antonio Velasco. Era el final de 35 años de oficio. Se cerraba el último rincón en el que Velasco colgaba aún sus carteles de cine. Hace de esto dos años y, ahora, al tiempo que el inmueble inicia una nueva andadura como Centro Nacional de Artes Escénicas y de las Músicas Históricas, el cartelista recuerda tiempos mejores con una exposición de carteles.
Una quincena de carteles cuelgan de las paredes del restaurante El Recreo de Resty, en Navatejera. Los grandes rostros del cine: James Dean, Marilyn Monroe, Gary Cooper, Clark Gable, Imperio Argentina, Buster Keaton…
Juan Antonio Velasco fue uno de los últimos cartelistas de cine, y con más de tres décadas de trabajo. Los lienzos que penden de estas paredes tienen como mucho diez años: “Normalmente los carteles de cine no se conservan, por el tamaño y porque realmente una vez que se retira la película ya no tienen sentido. Además, se reutilizan las telas, los bastidores… Con 35 años pintando carteles, necesitaría un solar igual de grande que un campo de fútbol para guardarlos todos”, dice Velasco.
Se guardan los más especiales, éstos, los que ahora se exponen. Y entre todos ellos, relativamente jóvenes, la excepción, el capricho del autor, el cartel que hizo hace una treintena de años para un festival de cine mudo que tuvo lugar en el Cine Azul de León. Un Buster Keaton con toda su esencia que conserva como oro en paño.
Algunos los regaló. “Hubo una película, ‘The Doors’, para la que hice un cartel maravilloso. Me lo estuvieron pidiendo hasta que quitaron la película, se me sentaban todos los días en la puerta del Emperador. ¡Qué gracia me hizo aquello! –sonríe–. Me gustó mucho. Por supuesto, al final se lo regalé”.
A Juan Antonio Velasco le cogió de lleno la época de la censura “que fue la peor época, estaba censurado todo; había que mandar el boceto del cartel al gobierno y esperar a que te dieran el visto bueno, te pasaban censura y te ponían un sello en él, ¡y dios te librara de dejar un centímetro de carne más a la vista! Bueno, y un beso en un cartel, imposible”.
Nostalgia y cariño cuando mira atrás. Velasco es un apasionado del cine y fue un apasionado de su oficio. Se inició en estas lides cuando estaba estudiando en Madrid. “Empecé a ver los carteles de cine, tan gigantescos, tan enormes… Y los tocaba y yo decía, esto está pintado en tela, está hecho a mano… esto tengo que ser yo capaz de hacerlo. Hasta que comencé a trabajar en unos cines de Ponferrada cuyos dueños eran los padres de un amigo mío y les pedía que me dejaran pintar un cartel. Se los pintaba en papel de embalaje. El primero que pinté lo recuerdo como si fuera hoy, fue para la película ‘Duelo al sol’”. Le vuelven los recuerdos a la mente con total nitidez, la misma con la que todavía recuerda la sensación que tuvo la primera vez que fue al cine, cuando tenía apenas cuatro años, “yo creo que tenía pantalón corto todavía”. Fue el filme ‘Morena Clara’ en el cine Merayo de Ponferrada.

(Velasco posa con tres de los carteles que pueden contemplarse en la exposición que acoge el restaurante El Recreo de Resty, en Navatejera, cuyo dueño se retrata junto al artista)
Cinco cines para presentar
El Emperador se resistió a los tiempos y no bajó el telón hasta hace dos años. Pero hubo una época dorada para estos teatros, un tiempo en el que en la ciudad convivían hasta cinco cines, y de todos ellos colgaban los carteles de Velasco, años de mucho trabajo y de muchas satisfacciones para el artista.
“Yo pinté en todos los cines de León, el Cine Azul, el Cine Mari, Cine Condado… y ahora pintaba ya sólo en el Emperador, que es el que quedaba abierto. Cada fachada era de un tamaño, los carteles más grandes son las de este último, los había de hasta diez metros de largo”, revive cada recuerdo con una gran nostalgia y le cambia la expresión al decir: “Cuando se cerró el teatro se acabó todo. Me ha dado una gran pena, desde luego, me quedé como si me faltara algo porque toda mi vida pintando carteles y que de repente cierren y te veas en la calle… Te cierra un capítulo muy importante de tu vida”, asegura el cartelista con pena.
No esconde su especial simpatía por una serie de actores y actrices, “más que nada porque su expresividad hacía más fácil mi trabajo”. Pone el ejemplo de Liz Taylor, una mujer a la que califica de bellísima “pero es imposible sacarle el parecido, tiene una belleza tan perfecta que trabajar con ella es muy difícil”.
Sin embargo, Juan Antonio Velasco, se siente cómodo cuando la actriz a retratar es Sofía Loren. Es la artista “que más veces he pintado y que más impresionante y atractiva me ha quedado. Tiene unos rasgos muy acusados, unos pómulos muy fuertes, una boca enorme, y la nariz, los ojos, son tan expresivos… es la actriz que más me ha gustado pintar siempre y a la que he retratado en un mayor número de ocasiones”.
A la hora de escoger la imagen para el cartel, Velasco no siempre comulgaba con los que venían ‘por defecto’. Muchas veces “escogía alguna de las otras imágenes que venían con la película porque, a mi entender, transmitían más”.